sábado, 21 de marzo de 2020

El Renacimiento

  El Renacimiento (volver a nacer) fue un movimiento filosófico, económico, religioso, político, artístico y cultural que tuvo sus orígenes en Florencia, Italia y después se expandió por toda Europa, buscando su fuente de inspiración o justificación en la Antigüedad grecorromana. 

  ¿Por qué el fenómeno del Renacimiento se dio en Italia? Porque hasta ese momento Florencia, Bologna, Verona, Venecia, Nápoles, Sicilia y otras ciudades italianas se habían enriquecido con el comercio de Europa con Asia, produciendo una nueva clase social: la Burguesía, comerciantes ricos que compraban tierras a los señores feudales desplazándolos del poder político, social y económico que habían tenido hasta entonces. Florencia se transformó en la capital del préstamo de dinero en efectivo. Quienes más se enriquecieron en Italia fueron los banqueros, pero en Florencia la familia de banqueros, los Médici apostaron a las artes y ciencias transformándose en mecenas de las principales figuras de la época entre ellas Leonardo Da Vinci. 

 Hasta el descubrimiento de América el mar Mediterráneo era el eje del comercio mundial, pero después el océano Atlántico desplazó en importancia al mar Mediterráneo e Italia perdió la hegemonía siendo desplazada por España, Portugal e Inglaterra

 

La sociedad europea

 La sociedad europea no era de ningún modo igualitaria. Las diferencias entre los grupos de personas tenían que ver con su nacimiento, ya que los hijos heredaban la condición y hasta el trabajo de sus padres. Así, encontramos a los nobles que basaban su prestigio en un título de nobleza y eran los dueños de grandes extensiones de tierra. La nobleza mantenía relaciones con los reyes gobernantes, ya que estos eran nobles solían casarse dentro del mismo grupo para conservar la riqueza y los títulos.
  
Clases sociales




Los nobles eran dueños de las tierras pero no trabajaban sino que lo hacían los campesinos quienes vivían en aldeas. Había campesinos pequeños propietarios de tierras, otros que eran jornaleros y trabajaban para los nobles y aún quedaban siervos, es decir, campesino que eran considerados semilibres ya que no podían abandonar la tierra de su señor.


Otro grupo poderoso era el clero, formado por los miembros de la Iglesia, aunque era muy heterogéneo, ya que pertenecían al clero desde el Papa y los obispos hasta los monjes o los curas de parroquias rurales. La mayoría de la población europea era cristiana, por lo tanto el clero ejercía mucha influencia en las costumbres y en la cultura.


Sin embargo, en algunas zonas de Europa los burgueses eran quizás más ricos que muchos nobles, por ejemplo, en las ciudades italianas. Los burgueses vivían en ciudades: eran grandes comerciantes y prestamistas, artesanos con su propio negocio, aunque también había pequeños comerciantes y trabajadores asalariados.


Así las diferencias entre la población europea se establecían de acuerdo a su nacimiento. Entre los nobles el título de nobleza era heredado por el hijo mayor; las hijas podían casarse con nobles, los otros hijos varones debían dedicarse a la Iglesia – accedían aun importante cargo – o al ejército. Similar situación encontramos en la burguesía – el hijo del comerciante heredaba el negocio de su padre, el del artesano aprendía desde niño el oficio, las hijas se casaban con otros burgueses –.


La realidad de los campesinos era parecida tanto para los campesinos libres como para los siervos, que heredaban la condición de sus padres. Significa que no había casi posibilidades de cambiar de condición social. Quizás las únicas excepciones eran aquellos hijos de burgueses muy ricos que se casaban con miembros de la nobleza ya empobrecidos.

Podemos relacionar a los grupos sociales de esta manera: la nobleza y el clero tenían privilegios frente al resto de la población; por ejemplo, no pagaban impuestos y podían cobrarlos. La nobleza terrateniente cobraba algunos derechos a los campesinos que trabajaban en su tierra y el clero cobraba el diezmo. Por el contrario, la burguesía y el campesinado pagaban todos los impuestos: al Estado, a la Iglesia y a los nobles dueños de las tierras.



 Inicios de la acumulación capitalista



Si bien la agricultura era la actividad económica que tradicionalmente proporcionaba las mayores riquezas a la nobleza, el desarrollo del comercio había permitido a los burgueses de las ciudades italianas – Florencia, Venecia -, o de Ámsterdam, acumular grandes riquezas. Invertían sus ganancias en nuevas empresas comerciales y algunos se dedicaban al préstamo de dinero a interés. De esta manera comenzó a desarrollarse un sistema económico basado en la acumulación e inversión de capitales. Eran los inicios del Capitalismo.


Los burgueses, a pesar de su riqueza, se diferenciaban de los nobles por su mentalidad capitalista.


A fines del siglo XV, el comercio con el Lejano Oriente proporcionaba grandes ganancias a los comerciantes de Venecia, Florencia o Génova. Las especias – usadas para la conservación de las carnes –, las sedas y los tapices enriquecían la mesa y los palacios de la nobleza, del clero y la pujante burguesía.


Además de los negocios de carácter económico, en las ciudades italianas, los burgueses más ricos, algunos nobles y miembros del clero emprendían otras actividades comunes. En las cortes y los salones decorados con pinturas y esculturas inspiradas en modelos greco – romanos se reunían a leer textos antiguos, escuchar música y bailar. 

Actividad:

  1. ¿Qué se entiende por Renacimiento?
  2. Identifique las clases sociales que se mencionan.
  3. ¿Qué diferencias y semejanzas hay entre ellas?

viernes, 5 de abril de 2019

La Revolución Rusa – Primer Acto




 


Introducción

Salvo por unos meses en 1871, durante la llamada Comuna de París, nunca antes se había producido la toma del poder por las clases trabajadoras en ningún país con el objetivo explícito de terminar con el régimen capitalista y construir una sociedad socialista, concebida como primer paso hacia el comunismo.
Es decir, un proyecto social donde la mayoría explotada terminara con las desigualdades sociales, económicas y hasta políticas emergidas del capitalismo y asegurara efectivamente la igualdad a los seres humanos. Esta primera revolución socialista de octubre de 1917 se produjo en una de las naciones más atrasadas dentro de las grandes potencias. Este proceso va a ser uno de los factores de más influencia en la historia del siglo XX a nivel planetario.

El ámbito rural
La vieja Rusia zarista estaba atravesada por contradicciones crecientes que debilitaban al régimen autocrático sostenido por la nobleza terrateniente y los grandes capitalistas.
En el campo persistían relaciones sociales muy parecidas al feudalismo medieval. A pesar de haberse decretado la liberación de los siervos en 1861, los campesinos seguían bajo el dominio de los terratenientes. Estos, que representaban 28.000 personas eran dueños de 62 millones de desiatinas de tierra (90.320.000 hectáreas), es decir 3225 hectáreas por cada una en promedio, mientras que a 10 millones de haciendas campesinas les correspondían solamente 73 millones de desiatinas (106.300.000 hectáreas), o sea 10,63 hectáreas en promedio. Por otra parte existían decenas de millones de campesinos sin tierras que debían trabajar en condiciones miserables en las grandes haciendas de la aristocracia. Por otra parte, el régimen fiscal agrario hacía caer todo el peso de los impuestos sobre los campesinos, dejando prácticamente libre de ellos a dicha aristocracia terrateniente.
Esta fuerte concentración de la tierra que daba base al poder económico de los terratenientes se complementaba con el predominio político sobre los campesinos a través del respaldo de la monarquía zarista a aquellos.

Implantación del capitalismo monopólico

Desde fines del siglo XIX, y a un ritmo superior a lo que había sucedido en otros estados europeos, se había desarrollado un capitalismo muy concentrado con grandes fábricas, minas y ferrocarriles que nucleaban millones de obreros,  debido en buena parte a la inversión de capitales franceses, ingleses, estadounidenses y alemanes.
Los monopolios extranjeros se habían apoderado de las ramas productivas más importantes. Llegaron a controlar el 90% de las inversiones en la minería, 42% en la industria del hierro, acero y máquinas, y el 50% en la química. Tres entidades monopolistas, “Shell”, “Oil” y “Nobel” tenían el dominio de la industria petrolera. Más de la mitad del capital básico de todos los bancos comerciales accionistas se guardaba en las cajas fuertes de siete bancos de Petrogrado.
En este cuadro el capital francés ocupa el primer lugar con un 32.5% de las inversiones, siguiéndole el inglés con un 22.5% y el alemán con el 19%. Tres entidades monopolistas, “Shell”, “Oil” y “Nobel” tenían el dominio de la industria petrolera. Más de la mitad del capital básico de todos los bancos comerciales accionistas se guardaba en las cajas fuertes de siete bancos de Petrogrado.
Esto motivó un nivel de concentración de trabajadores muy elevada por unidad productiva. Antes de la guerra cerca de 3 millones de obreros se aglutinaban en los centros urbanos industriales, a la cabeza de los cuales estaba la fábrica de armas Putílov donde laboraban 40.000 obreros. El 41% de todos los obreros de Rusia trabajaban en grandes empresas con una plantilla mayor de 1000 operarios, mientras que en EE.UU. dicha proporción solo se daba en un 17%.
Lo reciente de este fenómeno implicaba que el grueso de los obreros tuviera un cercano pasado campesino, lo que influía tanto en los reflujos marcados ante las derrotas como en su disposición explosiva para la lucha.

La burguesía

La burguesía rusa nunca tuvo una fuerza social y política equivalente a la de los países occidentales. Con las principales palancas industriales en manos del capital extranjero, ligada a éste y a la nobleza terrateniente por muchos lazos económicos, no se configuró nunca como una clase social con una "personalidad" clara y una vocación de poder decidida.
Sin capacidad de dirigir a la clase obrera debido a la creciente independencia política de ésta y distanciada de los campesinos, la burguesía intentará oponerse a la primera y aprovechar el conservadurismo de los segundos para alcanzar un gobierno que introduzca reformas liberales pero sin alterar el orden social.

El factor de la "Gran Guerra"

Hacia 1917 la economía rusa evidenciaba signos de extenuación y de bancarrota total. Se paralizaban muchas fábricas y talleres, y decrecía la producción industrial. La escasez y la especulación hacían estragos en el deteriorado nivel de consumo de la población.
Para marzo de aquel año los precios de los artículos de primera necesidad habían aumentado enormemente. Según la Duma Municipal de Moscú, donde había más comestibles que en Petrogrado, y por lo tanto, eran más baratos, los alimentos habían aumentado, con relación a 2014, un 556% en promedio, mientras que el Ministerio de Abastos del Gobierno Provisional manejaba una tabla que informaba que artículos de primera necesidad como la ropa, el jabón o el combustible lo habían hecho en un 1.109%. Se implantó el racionamiento de pan, el hambre se cernía sobre el país, aparecieron enormes colas a las puertas de las tiendas de comestibles y de las panaderías. La desorganización del transporte ferroviario acrecentaba el desbarajuste económico. La crisis de combustible era alarmante.
La ruina económica abarcó a la industria, al transporte y a la agricultura. de 9.750 grandes empresas, en los años de la guerra sólo trabajaron ininterrumpidamente 4.802, esto es, el 49.3%.
En 1917 habían sido ya llamados a filas más de 15 millones de hombres, de los que más de 7 millones habían perecido a causa de los combates, el desabastecimiento, las enfermedades, etc. Lo que creó una aguda falta de mano de obra en el campo. Casi un tercio de las haciendas campesinas quedaron sin brazos. La cosecha de los cultivos cerealistas más importantes (alimenticios y forrajeros) disminuyó en 26 millones de toneladas, reduciéndose el área de siembra.
Por otra parte la guerra había sacudido hasta sus cimientos las finanzas del Estado. La deuda estatal de Rusia alcanzó en enero de 1917 la suma de 33.600 millones de rublos, de los que cerca de 8.000 millones correspondían a Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Mientras tanto los gastos de guerra diarios se elevaron de 24.2 millones de rublos en 1915 a 69 millones en 1917.

Caída del Zarismo

La crisis económica, el descalabro militar que imponía alcanzar la paz y terminar con la sangría de vidas, una clase obrera que había desarrollado profundas experiencias políticas a partir de la revolución de 1905 junto a la inquietud creciente del campesinado pobre por el acceso a la tierra,  desembocó en el rápido desprestigio del régimen zarista cada vez más visto como un obstáculo para la mejora de la situación.
En enero de 1917, 250.000 obreros se declaran en huelga, y en febrero el número de huelguistas supera los 400.000. El 25 de ese mes se desata una huelga general y en pocos días se realizan manifestaciones y acciones de lucha que adquieren gran proporción entre obreros y campesinos. La mayoría de los soldados y marineros ya no responden al gobierno y se niegan a reprimir a los manifestantes. El 27 de febrero fue depuesto el Zar.

Dos poderes

En una situación peculiar a nivel del desarrollo histórico se configuran dos poderes paralelos. Uno, el Gobierno Provisional, que asume el control formal del Estado y va a representar a la burguesía, los terratenientes y la oficialidad del Ejército, encabezado por el príncipe Lvov.
El otro, la formación de un nuevo tipo de poder, el de los soviets de diputados obreros y diputados soldados en toda Rusia, formándose los de de campesinos con posterioridad. Siendo el más importante el de la capital, Petrogrado, donde pronto se encuentran unificados obreros y soldados. En el primer congreso de los soviets de estos últimos va a emerger un Comité Ejecutivo Central (CEC) como representante máximo de éstos.
El Gobierno Provisional no puede actuar sin el apoyo de los soviets, dado el papel principal que tuvieron las masas de obreros y soldados en el derrocamiento del Zar, por lo que va a incorporar un representante del CEC, Kerenski, en su seno y a solicitar la adhesión de aquellos. Cosa que va a lograr, debido a que la gran mayoría de los dirigentes del CEC son Mencheviques y Socialrevolucionarios, organizaciones que están convencidas que no es posible la revolución socialista en lo inmediato y hay que apoyar a la burguesía para establecer conquistas democráticas.
Los bolcheviques, cuya mayoría de dirigentes recién salen de la cárcel, el destierro en Siberia o el exilio en el extranjero, creen que hay que los Soviets deben asumir el poder plenamente. Pero son apenas una minoría y no nuclean más que unos pocos miles de afiliados, además dudan sobre los caminos a seguir. Será Vladimir Ílich Ulianov, Lenin, quien, una vez regresado de su exilio en Suiza en el mes de abril, intente unir al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) Bolchevique tras la idea de que solamente una revolución socialista en el futuro inmediato podrá dar al pueblo ruso lo que anhela: fin de la guerra, reparto de tierra a los campesinos y control obrero de las industrias, como forma de  salir de la crisis.

lunes, 15 de octubre de 2018

Ideología de José Batlle y Ordóñez


Textos a partir de "La época batllista 1905 - 1929". Benjamín Nahum. 


Batlle en Europa (1907-1911)


Parece evidente que el espectáculo de una Europa que se transformaba social y económicamente influyó poderosamente en el espíritu receptivo de Batlle y Ordóñez. Durante su estadía en Francia pudo evaluar los resultados de la política anticlerical de la III República que culminaron en 1905 con la separación de la Iglesia y el Estado. Previamente se había realizado un gran esfuerzo para apartar el clero de la enseñanza prohibiendo el mantenimiento de escuelas a muchas congregaciones religiosas y multiplicando las escuelas del Estado para ofrecer una educación laica, gratuita y obligatoria.
Simultáneamente con el acceso de Clemenceau a la dirección del gobierno francés se producía una intensificación de las demandas obreras en pro de las mejoras laborales y sociales. El Estado reprimió con severidad a los gremios e hizo intervenir a la fuerza pública  en numerosas oportunidades en defensa de la "libertad de trabajo". El clima de permanente intranquilidad que el problema obrero provocó debió ser motivo de muchas reflexiones de un hombre como Batlle, que ya tenía cierta inclinación a considerarlo como un tema esencial del gobierno. Probablemente sintió que tales problemas podían ser evitados en un país joven como el Uruguay, donde las clases sociales recién estaban en formación, y donde una obra justiciera por parte del Estado en ese campo podía evitar los enfrentamientos sociales que tantos dolores causaban a las viejas naciones europeas.

Ideología de Batlle


A) Filosofía.

Esa convicción, por otra parte, coincidía con su ideología, un humanitarismo que desbordaba de fe en los progresos del hombre. Dentro de esta concepción el hombre es un ser racional dotado de libre arbitrio y con la voluntad suficiente para hacer su historia.
Era esencialmente un ideal reformista, evolucionista, que negaba la violencia y la revolución. Concebía al hombre capaz de realizar todos los cambios sociales necesarios dentro de una estructura liberal y democrática. Las decisiones de la mayoría en ese contexto eran obligatorias para la minoría; traducido a la realidad política de su tiempo significaba que las reformas que el mayoritario Partido Colorado deseaba imponer no podían ser rechazadas por la minoría Nacionalista.
Batlle y Ordóñez no aceptaba ningún determinismo sobre el hombre, y menos aún el económico de las teorías socialistas. Sostenía que el hombre es libre y hace la historia de acuerdo con sus ideas. La justicia y la libertad tienen más fuerza que las condiciones materiales que rodean al individuo. "El móvil de las acciones humanas no es solamente el interés; la idea, la verdad, apasiona también al hombre". El pensamiento humano no es un producto derivado de los hechos materiales sino que es el resultado de la libre elaboración de su espíritu. El espíritu puede dominar y condicionar a los hechos materiales.

B) Sociedad.

Ese afán de libertad individual se conciliaba en su pensamiento con la justicia social. Si en la ideología propia de su época fue común la apasionada defensa de la libertad, debe señalarse que el concepto de justicia social fue procesado por muy pocos estadistas en su momento histórico.
Negaba la lucha de clases, que implicaba darle a la vida política un tono violento y a la vez la identificación de un partido político con una sola clase social. Y la negaba porque sostenía que las clases sociales tienen una existencia material pero también otra espiritual, y dentro de todas ellas era posible encontrar hombres de buena voluntad que se hayan desligados de sus interese materiales. Además, Batlle y Ordóñez sostenía que las luchas sociales en Uruguay no debían tener la misma violencia que en Europa. En un país joven, donde los conflictos sociales apenas apuntaban, donde no existía tradición de lucha de clases, donde los distintos intereses no se habían enquistado todavía, en posiciones irreductibles, era posible que el organismo representativo de toda la sociedad, el Estado, actuara como árbitro y componedor en las disputas que el progreso económico podía aparejar.
Por ello el Estado debía acentuar su intervención en aras de la tranquilidad pública y de la justicia social. Al actuar como árbitro en los conflictos sociales, no debía perder nunca de vista que la justicia debía inclinarlo a contemplar a los miembros más débiles de la sociedad. De allí la copiosa legislación social y laboral en beneficio de las clases trabajadoras: la gran batalla por la jornada de 8 horas, los seguros contra accidentes de trabajo, la implantación de las jubilaciones, la protección a los ancianos (pensiones a la vejez), la ayuda a los enfermos (asistencia pública, laica y gratuita).

C) Política.

La libertad y la justicia social conllevan a la democracia política. En el Uruguay, donde el obrero podía votar, Batlle creía que el voto sería mucho más eficaz que la revolución. El voto del obrero, sumado al voto de buena voluntad de todas las clases sociales, lograría imponer pacíficamente las reformas consideradas necesarias por una ideología solidarista y humanitaria.
Por lo tanto, para Batlle, el sufragio universal era el camino a la justicia. "En las democracias con sufragio universal, los desheredados son los más fuertes porque son los mas". De esta convicción es que se derivan sus iniciativas de otorgar el sufragio a la mujer, extenderlo a los inmigrantes con corta residencia en el país y su proyecto de establecer el plebiscito, o consulta popular, vieja idea de sabor anarquista por su apelación a la democracia directa, que constituía un intento de pasar por sobre los poderes del Estado para remitirse al pueblo que era considerado la única fuente de todo poder político.
Así entendido el sufragio, la organización política de la sociedad debía completarse con dos reformas: en el Estado y en el partido.
En el Estado procediendo a la sustitución de la presidencia por un ejecutivo colegiado que alejaría para siempre los peligros de una dictadura personal que arrasara para siempre los derechos del pueblo. La omnipotencia que la constitución de 1830 le daba al presidente le parecía el mayor peligro posible para la estabilidad de las instituciones y el respeto de la voluntad soberana. Dividido el poder de decisión entre nueve hombres se diluiría el peligro lo que preservaría las libertades individuales y públicas.
Si al colegiado se le atribuía el papel de eliminar la dictadura política, en la separación de la Iglesia y el Estado se veía la garantía de la libertad de conciencia para todos los miembros d de la comunidad. El racionalismo espiritualista de Batlle y Ordóñez rechazaba todas las religiones positivas, y particularmente la católica, porque la constitución le daba ingerencia en la vida pública y en la conciencia de los ciudadanos; como esto era otra forma de despotismo que tampoco se podía admitir, su ideal era el Estado laico, cuya única misión fuera la de proteger también en este plano la libertad de conciencia de todos los integrantes de la nación.
Para que la democracia fuera una realidad en la vida del pueblo, y no una mera formalidad en la organización del poder político, Batlle estimaba necesario que el ciudadano fuera instruido y tuviera intervención directa en la vida pública. Para ello era necesario que se extendiera la educación a los más amplios sectores sociales, acentuando el rasgo de la gratuidad, que era esencial para lograrlo, y llevarla al interior del país, donde padecía notorias carencias (liceos departamentales); y a la mitad femenina del país que todavía no había sido integrada a la cultura (universidad de mujeres). Solo el hombre culto, conciente, podía ser un ciudadano apto. Pero una vez logrado esto el ciudadano debía poder pesar en las decisiones del gobierno. No bastaban los plebiscitos de iniciativa y ratificación, ya señalados, que aunque importantes en su esquema solo eran consultas populares esporádicas. Lo que entendía necesario era la participación continuada y persistente del ciudadano en la vida política. Y para ello el camino era abrirle la puerta de los partidos políticos, que como grandes movimientos de opinión, estarían representando directamente la voluntad popular. Por eso buscó la democratización del partido transformando su estructura. La creación del club seccional, que entendió como escuela de civismo, y, en escala ascendente, los comités departamentales, la comisión nacional, el comité ejecutivo nacional y, finalmente, el organismo más representativo por multitudinario: la convención del partido, donde estaban todas las opiniones, donde todas las opiniones serían escuchadas, todas las tendencias estarían representadas y se pedirían cuentas a los gobernantes partidarios de sus actos y de la acción de gobierno.
Entonces el partido - que sería el pueblo organizado en su actuación política - no solo elegiría sus hombres en el gobierno, sino que además los instruiría sobre lo que deberían hacer y los controlaría para que efectivamente cumplieran con el programa en acción. Los gobernantes serían simples ejecutores de la voluntad partidaria, es decir, popular. Es la idea, que tantas discusiones habría de provocar luego, del mandato imperativo.

D) Economía.

Así consolidado el esquema de la organización política de la sociedad, Batlle entendía que el Estado debía multiplicar su acción en cada campo en ese momento reservado solo a la iniciativa privada. En países jovenes donde ésta fuera tímida o insuficiente, o donde predominaran empresas extranjeras que extraían la riqueza de la región no había nadie más que el Estado que pudiera llenar las carencias que sufría el cuerpo social y que defendiera el patrimonio nacional.
Esa es la base del pronunciado intervencionismo económico que caracterízó su acción de estadista. La nacionalización del crédito y los seguros (Banco de la República, de Seguros, Hipotecario); la nacionalización de servicios públicos esenciales en manos extranjeras o privadas (ferrocarriles, puerto, telégrafo, luz eléctrica); el proteccionismo aduanero para esimular la naciente industria nacional o impulsar la diversificación industrial que nos liberaría de la dependencia exterior, son las manifestaciones de tal política.

C) Realizaciones.

Todos los temas expuestos hasta ahora constituyen un panorama difícil de abarcar en su conjunto por su amplitud. Muchas de las iniciativas que señalamos no pudieron ser aplicadas en su gobierno, fracasaron, o tuvieron un éxito parcial. Su éxito o fracaso dependió de la mayor o menor receptividad que esas ideas tuvieron en la sociedad, de las fuerzas sociales que lo apoyaron para que las realizara, o se opusieron a él para impedírselo, del desarrollo económico del país en la época, de su dependencia del exterior que tanto condicionaba sus realizaciones internas, de los conflictos políticos que ocuparon buena parte de su esfuerzo y de su atención. En suma, de un conjunto de hechos históricos que son los que siempre condicionan el pasaje a la vida real de toda ideología.

F) Juicio.

¿Qué comentarios pueden merecer este programa?
Muy diversos y polémicos sin duda, pero quizás sean rescatables las siguientes puntualizaciones.
Parece evidente que la intención de Batlle fue crear un país de clase media, donde predominara el pequeño propietario, liberal y abierto a las nuevas ideas. No valoró suficientemente el problema que para todo el país significaba la forma de explotación tradicional de la tierra. En una economía basada fundamentalmente en la ganadería, tanto el latifundio como el minifundio constituían trabas esenciales para su desarrollo. Sin un aumento de la producción agraria y su diversificación, no podía lograrse un desarrollo capitalista nacional que comprendiera a todo el país, y no solo a la capital. Quizás el periodo de bonanza económica que acompañó su actuación pública le dificultó una real aprehensión del problema. Pero lo cierto es que al no actuar en ese campo estaba hipotecando el futuro de su obra económica y social. Un país con un medio urbano desarrollado y un medio rural atrasado llevaba en su seno una contradicción irremediable que no tardaría en aflorar cuando la bonanza económica internacional terminara.
Confió ciegamente, como era habitual en la Europa de su época, en que la extensión de la educación y el sufragio universal constituirían los remedios infalibles para curar todos los males sociales. Hoy, luego de la barbarie e irracionalidad de dos guerras mundiales, sabemos que esos elementos, con ser esenciales, no alcanzaban para la implantación de una democracia completa.
Como representante típico del liberalismo, le dio enorme importancia al problema de la organización política de la sociedad. Ello no solo le insumió ingentes esfuerzos, sino que le quitó poder para llevar a cabo sus otras concepciones sociales y económicas. Confiado en la razón pensó que ésta se impondría por sí sola, por sus bondades intrínsecas y subestimó la fuerza de la oposición, que aprovechó el rechazo a sus ideas políticas (el colegiado) para oponerse también a su obra económica y social. Pero, en su conjunto, la obra llevada a cabo en el primer tercio de nuestro siglo (el XX) fue importante, y en algunos casos irreversible. El valor de la democracia política, la lucha pacífica de partidos opuestos, la extensión de la educación, el papel del Estado como árbitro en los conflictos sociales, su intervención en la vida económica y social fueron conceptos que se incorporaron a la vida de los uruguayos y les dieron una personalidad propia y definida con relación al resto de América.