lunes, 13 de julio de 2020

Respuestas del Obrero ante su situación social

 
Por las reivindicaciones obreras, grabado de Will Crane
Tres posibilidades se abrían al pobre que se encontraba al margen de la sociedad burguesa y sin protección efectiva. Podía esforzarse en hacerse burgués, podía desmoralizarse o podía rebelarse.

Lo primero no sólo era técnicamente difícil para quienes carecían de un mínimo de bienes o de instrucción, sino también profundamente desagradable. La introducción de un sistema individualista y puramente utilitario de conducta social, la jungla anárquica de la sociedad burguesa, teóricamente justificada con su divisa “cada hombre para sí y que al último se lo lleve el diablo”, parecía a los hombres criados en las sociedades tradicionales poco mejor que la maldad desenfrenada.

Claro está que había trabajadores que hacían lo posible por unirse a las capas medias o al menos por seguir los preceptos de austeridad, de ayudarse y mejorarse a sí mismos.

Había muchos más que, enfrentados con una catástrofe social que no entendían, empobrecidos, explotados, hacinados en suburbios en donde se mezclaban el frío y la inmundicia, se hundían en la desmoralización. Las familias empeñaban las mantas cada semana hasta el día de paga. El alcohol era “la salida más rápida de Manchester”.

La bebida no era la única muestra de desmoralización. El infanticidio, la prostitución, el suicidio y el desequilibrio mental han sido relacionados con aquel cataclismo económico y social. Tanto el aumento de la criminalidad como el de violencias eran una especie de ciega afirmación personal contra las fuerzas que amenazaban con destruir a la humanidad. La floración de sectas y cultos apocalípticos, místicos y supersticiosos indica una incapacidad parecida para contener los terremotos sociales que estaban destrozando las vidas de los hombres.

Todas estas formas de desviación de la conducta social tenían algo de común entre ellas, eran tentativas para escapar del destino de ser un pobre hombre trabajador, o al menos para aceptar u olvidar la pobreza y la humillación.

La alternativa de la evasión o la derrota era la rebelión. La situación de los trabajadores pobres, y especialmente del proletariado industrial que formaba su núcleo, era tal que la rebelión no solo fue posible, sino casi obligada. Nada más inevitable en la primera mitad del siglo XIX que la aparición de los movimientos obrero y socialista, así como el desasosiego revolucionario de las masas.

Cualquiera que fuese la situación del trabajador pobre, es indudable que todo el que pensara un poco en su situación – es decir, que no aceptara las tribulaciones del pobre como parte de un destino inexorable y del eterno designio de las cosas – tenía que advertir que el trabajador era explotado y empobrecido por el rico, que se hacía más rico mientras el pobre se hacía más pobre. Y el pobre sufría porque el rico se beneficiaba.

El movimiento obrero proporcionó una respuesta al grito del hombre pobre. Era una organización de autodefensa, de protesta, de revolución. Pero para el trabajador pobre era más que un instrumento de combate: era también una norma de vida. La burguesía liberal no le ofrecía nada; la historia le había sacado de la vida tradicional que los conservadores prometían inútilmente mantener o restaurar. Nada tenían que esperar del género de vida al que se veían arrastrados. Pero el movimiento les exigía una forma de vivir diferente, colectiva, comunal, combativa, idealista y aislada, ya que, esencialmente, era lucha. En cambio, les proporcionaba coherencia y objetivos. El mito liberal suponía que los sindicatos estaban formados por toscos trabajadores instigados por trabajadores sin conciencia; pero en realidad los trabajadores toscos eran los menos partidarios de la unión, mientras los más inteligentes y competentes la defendían con ardor.

Lo verdaderamente nuevo en el movimiento obrero era la conciencia de clase. No era el “pobre” que se enfrentaba al “rico”. Una clase específica, la clase trabajadora, obreros o proletariado, se enfrentaba a otra, patronos o capitalistas. La novedad y rapidez del cambio social que los absorbía, incitó a los trabajadores a pensar en los términos de una sociedad completamente distinta, basada en sus experiencias e ideas opuestas a las de sus opresores. Sería cooperativa y no competidora, colectivista y no individualista. Sería socialista.
 
Tomado de: Eric Hobsbawm, “La era de las Revoluciones”.

ejercicio:

1. Sintetiza cada una de las opciones que tenía el obrero ante su situación social.
2. ¿Qué diferencias existen entre la última opción con relación a las otras dos?
3. Analiza el grabado del comienzo. ¿Qué te parece que quiere decir?

Conquista del Imperio Inca




Factores que contribuyeron a la Conquista

   Superioridad tecnológica.  

Hubo diversos recursos que marcaron la superioridad tecnológica de los conquistadores españoles sobre la resistencia inca. Las armas son los artefactos en los que más evidente es esta diferencia tecnológica. La ventaja que otorgaban las armas de fuego a los españoles; frente a los arcos y flechas, las macanas, las lanzas y las cachiporras de los incas fue considerable.

Nuevos animales.
 
  Sin embargo los animales fueron también herramientas fundamentales como elementos de intimidación utilizados por los españoles contra los incas. En este sentido los caballos fueron determinantes, no sólo como herramienta de intimidación, si no también como medio que facilitó y dinamizó la movilización de los conquistadores. Los perros de los conquistadores causaron, asimismo, pavor entre los indígenas por su ferocidad que, habiendo sido exacerbada para la guerra de reconquista española, se utilizó también como arma en la conquista de América.
 
Enfermedades y epidemias.

   Las epidemias y enfermedades que llegaron a América con los conquistadores europeos debilitaron y diezmaron la población nativa de todo el continente. Sin embargo el caso del Perú fue particular. Enfermedades como la viruela y la influenza llegaron antes que los conquistadores a los territorios del Tahuantinsuyo. Por esta razón, cuando los primeros españoles llegaron a Tumbes, las enfermedades y epidemias ya tenían varios años ocasionando muertes y debilitando la salud de la población del imperio. Incluso se cree que el Inca Huayna Cápac y el Auqui elegido para su sucesión perecieron víctimas de la viruela, casi 10 años antes que la expedición de Pizarro llegara a la zona de Tumbes.
En todo caso, es evidente que la propagación de enfermedades contribuyó de manera determinante al éxito de la conquista al haber debilitado y aniquilado a gran parte de la población del Tahuantinsuyo.

Pugnas dentro del Tahuantinsuyo

La llegada de los españoles al Tahuantinsuyo coincidió con la lucha interna que Huascar y Atahualpa, ambos hijos de Huayna Capac, sostenían por el control del imperio incaico. Esta lucha que por mucho tiempo fue descrita como una guerra fratricida que demostraba la decadencia del imperio, al parecer no fue sino la repetición de las guerras rituales tras la muerte de un inca. La sucesión no existía dentro del Tahuantinsuyo, la elección del Inca se realizaba entre los jóvenes más aptos y que mejores condiciones reunían para el mando.
Estas batallas eran parte de un rito cíclico que se realizaba a la muerte de cada inca. El rito coincidió con la llegada de los peninsulares, quienes se valieron de dicho enfrentamiento para tomar control sobre el Tahuantinsuyo.

Llegada y conquista del Perú

   Preparativos y acontecimientos en Cajamarca
 
En el año de 1530, una vez reclutados los 180 hombres que conformaron la expedición, se inició en tercer y definitivo viaje de la empresa conquistadora del Perú.
Al llegar a Tumbes se encontraron con que el poblado había sido arrasado. Gracias a los intérpretes que habían capturado en su segundo viaje; y a los que habían logrado enseñar el castellano de alguna manera; Pizarro y sus hombres se enteraron de la guerra que estaba librándose entre Huáscar y Atahualpa por la sucesión al poder en el Tahunatinsuyo. Asimismo supieron que el poblado de Tumbes apoyaba a Huascar; y que esa había sido la razón de su destrucción en manos de las fuerzas del ya inca Atahualpa.
    Pizarro y la gran mayoría de sus hombres (165) continuaron, sin embargo, la expedición con rumbo a Cajamarca, donde se decía se encontraba el inca Atahualpa.
El 15 de noviembre de 1532 las huestes conquistadoras alcanzaron dicho emplazamiento luego de atravesar la Cordillera de los Andes. Sin embargo el inca no se encontraba en la ciudad. Pizarro envió a un grupo de jinetes a la cercana Pultumarca donde Atahualpa y su ejercito habían acampado. Durante dicha entrevista el nuevo inca exigió a los españoles que respondieran y rindieran cuentas por todo lo que habían tomado del Tahuantinsuyo desde que habían puesto pie en dicho territorio; y además accedió a entrevistarse con ellos en la ciudad de Cajamarca al día siguiente.

Captura del Inca
 

Encuentro de Atahualpa y Pizarro en Cajamarca según el cronista Huaman Poma de Ayala

 
   Al aceptar Atahualpa la entrevista en Cajamarca, Pizarro y sus expedicionarios planearon una emboscada en la plaza central de la ciudad. Las huestes conquistadoras permanecieron toda la noche en guardia, apertrechada en los edificios que colindaban con la plaza. Finalmente Atahualpa llegó a la ciudad de Cajamarca, transportado en su litera y acompañado de una inmensa corte.
   A pesar de que el inca era consciente de que lo esperaba una emboscada, tenía la seguridad de que la pequeña hueste española no sería un enemigo difícil de vencer.        Tal sería sus confianza que sus soldados ni si quiera ingresaron armados a la plaza de la ciudad. A su encuentro salió Fray Vicente de Valverde. Haciendo uso de los servicios de sus inadecuados intérpretes (cuya lengua nativa era distinta del quechua y del castellano, por lo que tenía un pésimo manejo de ambas) el sacerdote intentó presentar al inca el requerimiento de someterse al emperador Carlos V y abrazar la religión católica. Incluso si se hubiera podido superar la barrera del idioma, resultaba más que imposible que Atahualpa o cualquier hombre andino, comprendiera lo que implicaba la figura del requerimiento. Este concepto lleno de sentido y de significado en la Europa de la época, no tenía parangón en la sociedad inca.
   Este abismo cultural habría desencadenado el principio del ataque. Se dice que el clérigo entregó a Atahualpa una Biblia. Este acto representaba de manera simbólica la entrega de la revelación cristiana. Atahualapa, ante la imposibilidad de comunicarse, y careciendo totalmente de una noción de escritura que le permitiera sospechar qué era lo que tenía en las manos; arrojó el libro y exigió airadamente que los españoles devolvieran todo lo que habían ido tomando a su paso por el Tahuantinsuyo.
Fray Valverde, que tampoco comprendía ni la lengua, ni los códigos andinos; consideró la reacción de Atahualpa como un abierto sacrilegio. El clérigo huyó ofendido y dio el llamado de ataque a los soldados que esperaban la señal del sacerdote.
Los españoles iniciaron el ataque al grito de Santiago. Las espadas, los caballos y las pocas armas de fuego con las que atacaron al ejército inca fueron suficientes para apabullar al adversario. Al terminar la batalla miles de indios habían perecido, mientras que la mayoría huyó de la plaza, ocasionando en su huída, la única baja del ejército español: un esclavo negro que murió arrollado por la multitud. Ante el abandono de su ejército, Atahualpa fue derribado de su litera por el mismo Pizarro, que junto con otros soldados, tomó al inca prisionero.

El rescate mejor pagado de la historia.

   Atahualpa, buscando la manera de ganarse la amistad de sus captores, y habiendo descubierto cuánto ambicionaban estos el oro y la plata; ofreció a los españoles llenar un cuarto dos veces de plata y una de oro. Los españoles nuevamente tergiversaron la intención del inca, entendiendo el ofrecimiento como un rescate.
   Los españoles accedieron al ofrecimiento y vieron finalmente aparecer el tan anhelado botín, que era traído a Cajamarca desde cada punto del imperio. Los propios españoles comenzaron a formar parte de las comitivas que traían los objetos de metal, y muchos volvieron de Pachacamac y del Cuzco con verdaderos tesoros. Sin embargo a pesar de que Pizarro reconoció al mismo Atahualpa que la promesa estaba cumplida no lo liberó. Por un lado se sentía más fuerte al haber llegado Diego de Almagro con los esperados refuerzos. Asimismo los constantes e inquietantes rumores de que grandes ejércitos incaicos se aproximaban con la misión de liberar a Atahualpa; habían calado y puesto en alerta a Pizarro. De esta manera, los españoles recibieron el prometido tesoro, pero no cumplieron con liberar al inca por motivos de seguridad. El rescate, como lo entendieron los españoles, ascendió a 971,125 pesos de oro y 40,860.3 marcos de plata y se reconoce como el rescate más alto pagado en la historia de la humanidad. Hoy se calcula equivaldría a 9.120 millones de dólares.
   Finalmente, al intensificarse los rumores de los ejércitos liberadores que venían en pos del inca, se hizo evidente que conservar a Atahualpa era tan peligroso como liberarlo. La ejecución de Atahualpa fue la mejor solución que algunos conquistadores encontraron para esta encrucijada; y el supuesto acecho de los ejércitos incaicos terminó por convencer al resto de españoles. El inca Atahualpa fue ejecutado el 26 de julio de 1533 mediante garrote vil (se ataba a un poste a la persona y se lo ahorcaba con un pedazo de cuero o cuerda que se retorcía mediante un torniquete).
   Resulta paradójico que luego de morir Atahualpa se haya descubierto que la amenaza de los ejércitos de liberación del inca era infundada. Una vez muerto el inca los españoles continuaron su expedición de conquista hacia el Cuzco, el corazón del imperio.

Preguntas:
  1. ¿Cuál de todos los factores que contribuyeron a la conquista te parece más importante? ¿Por qué?
  2. ¿Por qué no se pudieron entender el Inca Atahualpa y Fray Valverde?
  3. ¿El ataque español fue porque no se pudieron entender? ¿Qué buscaban los españoles?