jueves, 10 de septiembre de 2020

REVOLUCIÓN RIOPLATENSE. LA REVOLUCIÓN INICIA EN BUENOS AIRES

 

 



El sistema colonial descansaba en un equilibrio de grupos de poder,  la administración, la iglesia, los comerciantes monopolistas y los criollos. La administración tenía poder político pero escaso poder militar y su prestigio derivada de la soberanía de la corona y de su función burocrática. La soberanía secular era reforzada por la iglesia cuya misión religiosa estaba respaldada por el poder jurisdiccional y económico.

Aunque las grandes estancias ganaderas estaban ganando importancia, entre las cuales había una minoría de peninsulares y una proporción mayor de criollos,  la mayor fuente de riqueza y prestigio continúa siendo comercio exterior y el comerciante tenía precedencia social sobre el estanciero. Esto favorecía a los españoles contra los criollos Porque aquellos dominaban el comercio transatlántico. Y su número creció desde la década de 1770 cuando la liberalización del comercio provocó una nueva oleada de inmigrantes hacia la colonia en desarrollo. Esta nueva conquista del Río de la Plata reforzó la posición de los peninsulares en la economía colonial y en el Cabildo de Buenos Aires pero fue una victoria baldía.

El establecimiento del nuevo virreinato en 1776 y el sistema de intendencias en 1782 amplió el armazón institucional de la colonia e introdujo una horda de nuevos funcionarios para administrar los recursos del estado de la Iglesia y de los municipios. Aunque esta medida realzó la posición de Buenos Aires redujo la independencia de la élite local que consideraba al nuevo virrey y a los intendentes como peligrosos déspotas.

 

Invasiones Inglesas

 


 

Los peninsulares se sintieron amenazados por los Criollos que empezaron a constituir una nueva fuente de poder basada en su capacidad militar. 

¿Qué fue lo que permitió a los Criollos comprobar su vital pero hasta entonces oculta ventaja su superioridad numérica? En 1806 una fuerza expedicionaria británica que venía del cabo de buena Esperanza cruzó el Atlántico Sur entró en el río de la plata y el 27 de junio ocupó Buenos Aires. Desde el punto de vista británico la operación fue un episodio menor en la larga guerra contra Francia y España en una zona que podía llegar a ser un útil mercado para las exportaciones británicas. Pero en el Río de la Plata la invasión británica tuvo consecuencias de gran alcance. Los Invasores subestimaron la voluntad y la capacidad del pueblo de Buenos Aires para defenderse. Mientras el virrey español, Marqués de Sobremonte, escapaba el interior y los ciudadanos ricos buscaban refugio en sus casas de campo las clases bajas y muchos jóvenes salieron a la calle ansiosos de afirmarse y enfrentarse al inglés.

Un comerciante español escribió que “de negros, mulatos y muchachos estaban en las calles llenas sin recelo ni temor ninguno de la muerte”. Las clases propietarias tuvieron que organizar esas masas en interés de su propia seguridad, tanto como para la defensa del país. Los criollos y los españoles hicieron un esfuerzo de guerra unidos pero fue el número de los criollos lo que contó. Sus regimientos, llamados de patricios y de arribeños, Eran mayores y más numerosos que los de los peninsulares y llegaron a tener alrededor de 8.000 hombres. Al mismo tiempo escogen a sus oficiales superiores mediante elección convirtiendo así su organización militar en una especie de democracia. Dirigido por Santiago Liniers, un oficial francés al servicio de España, el ejército de voluntarios atacó a las fuerzas británicas el 12 de agosto, las derrotó y tomó prisioneros a su comandante y a 1.200 soldados.

Liniers, héroe de la reconquista, se convirtió entonces en gobernador militar de Buenos Aires. Era popular entre los criollos pero no entre los españoles, que lo veían como un demagogo y hubieran preferido mantener el esfuerzo de guerra bajo su exclusivo control. Pero la autoridad de Liniers se confirmó cuando el 3 de febrero de 1807 refuerzos procedentes de Gran Bretaña tomaron Montevideo. El incompetente Sobremonte recibió rápidamente su merecido. La audiencia decretó su destitución y arresto, y Liniers fue nombrado capitán general en funciones, este hecho tuvo importancia revolucionaria. Cómo señaló Mitre "por la primera vez se vio en las colonias americanas al representante legal del soberano destituido y reducido a prisión".

Las invasiones británicas proporcionaron varias lecciones. Demostraron que los hispanoamericanos no tenían ganas de cambiar un amo Imperial por otro. También mostraron las grandes fallas del imperio español del sur, su frágil administración y sus débiles defensas. Fueron sus habitantes, no España, quienes lo defendieron. Los criollos le tomaron gusto al poder, descubrieron su fuerza y adquirieron un sentido de la identidad. Y el poder una vez adquirido no iba a ser abandonado.

 

Golpe frustrado

Después de La retirada británica los peninsulares intentaron restaurar el Antiguo equilibrio. Presionaron sobre Liniers para que licenciara a las tropas criollas ofreciendo sostener guarniciones a su propia costa hasta que España enviara tropas regulares. Liniers que ahora, era Virrey de modo temporal, resistió esas presiones y de este modo la milicia criolla se convirtió en un nuevo núcleo de poder en la Colonia y en una nueva molestia para los españoles.

 

Los criollos aprovechan debilidad del Imperio

Mientras que la debilidad de España en América llevó a los criollos a la política, la crisis española en Europa les dio una mayor oportunidad de hacer progresar sus intereses. En marzo de 1808 Carlos IV abdicó en favor de su hijo Fernando. Esto fue seguido rápidamente por la ocupación francesa de Madrid, la partida de Carlos y de Fernando VII a Bayona, donde Napoleón les obligó a renunciar a sus derechos soberanos, y la proclamación de José Bonaparte como rey de España y de las indias. Las noticias de sucesos tan increíbles llegaron a Buenos Aires en julio de 1808 y el día 17 de agosto el virrey Liniers publicó un ambiguo decreto advirtiendo al pueblo que esperara los acontecimientos.

Fernando estaba bajo custodia y en realidad no gobernaba España, ¿cómo podía gobernar América? La llamada junta central constituida en Aranjuez el 25 de septiembre de 1808, y posteriormente trasladada a Sevilla, gobernaba en nombre de Fernando VII, aunque muy pocos estaban de acuerdo merced a qué derechos y con qué voto popular. En Buenos Aires la junta central fue reconocida por las autoridades pero rechazada por un incipiente partido Revolucionario que quería soluciones más autónomas. Los revolucionarios no se ponían de acuerdo. Un grupo de intelectuales era favorable a una Revolución no violenta. Creían que podían conseguirla mediante una transición a la independencia bajo los auspicios de una nueva y constitucional monarquía, ahora disponible en el vecino Brasil en la vigorosa y poco querida persona de la princesa Carlota de Portugal, esposa del príncipe regente y hermana de Fernando VII. Pero vieron decepcionadas sus esperanzas, cuando Carlota vio que sus objetivos no eran los mismos que los de los criollos los denunció como subversivos al Virrey.

 A su vez los peninsulares conspiraban para establecer una junta de gobierno que restaurara el Antiguo equilibrio de poderes y prolongara su monopolio de privilegios políticos y comerciales. Intentaron dar un fallido golpe el primero de enero de 1809 para deponer a Liniers y establecer una junta de gobierno donde predominaran los peninsulares. Pero las tropas criollas rescataron al Virrey y su superioridad militar les permitió aplastar a sus oponentes.

El golpe del 1 de enero de 1809 y su fracaso empujaron aún más adelante a la colonia por el camino de la revolución. El fracaso del golpe virtualmente eliminó a los peninsulares como centro de poder: su Cabildo se desacreditó, sus líderes se dispersaron y sus tropas se desbandaron. Sus propiedades y comercios también se vieron perjudicados.

 

Monopolistas y defensores del libre comercio

La economía del Río de la plata estaba ya lista para expandirse más allá de la restrictiva armazón de la colonia. Su primer período de crecimiento siguió a la reorientación del imperio, que hizo de Buenos Aires un nuevo puerto de entrada para el comercio a Sudamérica y lo vinculó con la zona minera del alto Perú; en menor grado fue estimulado también por el desarrollo de la ganadería para la exportación. Con unas valiosas mercancías de exportación - plata y cueros - Buenos Aires desarrolló y favoreció este monopolio. Pero muchos comerciantes criollos, de los sectores de la exportación de cueros, la trata de esclavos y la navegación deseaban que se liberalizara y expandiese el comercio. Deseo que compartían los estancieros. Sin embargo esto perjudicaba a los comerciantes monopolistas españoles que dominaban el comercio de ultramar, y también a las manufacturas y la agricultura de regiones del interior que abastecían a los mercados locales  gracias a la protección colonial.

A partir de 1796 la continúa guerra con Inglaterra llevó a casi interrumpirse el comercio de exportación, lo que motivó una dura disputa entre los comerciantes monopolistas y aquellos comerciantes y estancieros criollos que querían romper dicho monopolio. Ya en 1809 la situación era cada vez más desesperante, aunque ahora Inglaterra era aliada y el enemigo era Francia. La posición del Cabildo se reafirmaba en impedir cualquier vulneración formal al monopolio mientras que los hacendados de una y otra margen del Río de la Plata defendían por escrito el libre comercio. Su autor, Mariano Moreno, iba mucho más allá del argumento de las ventajas fiscales y mediatas, y pedía libertad de comercio como algo vital para el bienestar del pueblo de Río de la Plata. Argumentaba que era derecho del país importar lo que necesitaba bajando así los precios de consumo y exportar sus excedentes presentando a los cultivadores un mercado más amplio. Las ideas de liberalismo económico que expresaba eran muy corrientes en los círculos criollos. Sin embargo sostenía contra toda evidencia que liberar el comercio no dañaría la industria loca. En realidad los ingleses demostraron que los ponchos confeccionados en Yorkshire podrían venderse más baratos que los productos locales. Finalmente el Virrey consintió un limitado comercio con las naciones aliadas y neutrales que arrojó ingresos que aliviaron el tesoro de las aduanas.

A pesar de ello el enfrentamiento entre monopolistas españoles y criollos que buscaban el libre comercio se mantuvo y se agravó. 

En 1810 cuando los ejércitos de Napoleón ocuparon la península ibérica el equilibrio de las fuerzas sociales en Buenos Aires había cambiado. La administración había perdido terreno durante las invasiones británicas y el ambiguo dominio de Liniers. La iglesia había sido reducida mediante el regalismo. Los españoles monopolistas habían sido derrotados cuando fracasó el golpe que intentaron. Esto dejo el camino expedito a los dos grupos criollos, el de los militares y el de los intelectuales, que poseían las armas y las ideas para tomar la iniciativa.

 

La Junta de Mayo.



El 13 de mayo de 1810 llega la noticia de que la Junta Central en España había sido desbanda por los triunfos franceses y había nombrado una regencia. Esta era la oportunidad que esperaban los revolucionarios dada la extrema debilidad del poder central español y la nula legitimidad de esta nueva autoridad. El plan era simple deponer al Virrey y nombrar nuevo gobierno. Para ello arrestaron a Baltasar Hidalgo de Cisneros, el último Virrey que tuvo el Río de la Plata y movilizaron alrededor de 600 activistas armados. Luego trabajaron para una asamblea abierta del Cabildo que diera su consentimiento al traspaso del poder a los criollos.

Se formó una Junta de gobierno en Buenos Aires, conformada por los criollos militares e intelectuales, en una asamblea donde fueron invitados las personalidades más importantes y destacadas. Era una Revolución criolla realizada por una élite que hablaba en nombre del pueblo sin consultarlo.

Sin embargo el nuevo gobierno no proclamó la Independencia sino que sostenía que su intención era defender y reconocer la autoridad de Fernando VII. Esta maniobra táctica estaba dirigida a capitalizar los restos de los sentimientos realistas en el pueblo de Río de la Plata e impedir una contrarrevolución española, así como asegurarse el apoyo de Gran Bretaña, la Poderosa aliada de España.

Además no suponía un gran compromiso ni un sacrificio real invocar la soberanía de un hombre que ya no era soberano, someterse a un gobernante que no gobernaba, hablar por una corona que estaba en cautividad.

 

¿Quién se aprovechó de la revolución de 1810? 

El comercio ultramarino fue el primer beneficiado. La revolución hizo avanzar el proceso de competencia de precios al eliminar los últimos vestigios del monopolio español.

Estimulado por la oportunidad de mejores precios para las exportaciones y por el acceso a un mercado más barato para las importaciones, el comercio se incrementó en volumen y la balanza de pagos mejoró. De este modo los consumidores se beneficiaron aunque mucho más la clase mercantil, especialmente los nuevos comerciantes extranjeros. En segundo lugar las perspectivas de la ganadería mejoraron, ahora que tenían acceso directo a mercados más amplios para sus cueros y otros productos animales. La tierra aumentó su valor, los ganaderos y los productores de carne empezaron a incrementar sus beneficios.

Así para Buenos Aires y las provincias del litoral la revolución de 1810 pareció cumplir sus esperanzas. Las provincias del interior en cambio sufrieron una grave recesión. Las primitivas industrias de Salta, Córdoba, Mendoza y Tucumán - textiles vinicultura y azúcar-, que se abastecían de las fuentes locales de materias primas y vendían en los mercados locales y regionales, habían sido protegidas por el monopolio colonial español. Ahora estaban expuestas a la intensa competencia de mercancías más baratas y mejores procedentes de Europa y Brasil, importadas gracias a la política de libre comercio de Buenos Aires, al mismo tiempo que los mercados de Chile y de Perú se le cerraban debido a las guerras de independencia. De este modo la revolución no supuso ventajas económicas para las provincias del interior, sino estancamiento y declive de la población.

Buenos Aires se comportaba como nuevo poder colonial, como la antigua metrópoli quería tener un solo puerto de entrada y de salida para el conjunto del país lo que beneficiaría su aduana tanto para lo que se exportara como para lo que se importara. De este modo comenzó un enfrentamiento entre Buenos Aires y el resto de las provincias del Río de la Plata.

 Responda:

  1. ¿Qué problemas había entre los criollos y los españoles?
  2. ¿Qué consecuencias trajo para los criollos las Invasiones Inglesas?
  3. ¿Por qué se enfrentaban monopolistas y defensores del libre comercio?
  4. ¿Qué oportunidad aprovecharon los revolucionarios?
  5. ¿Qué consecuencias trajo la revolución de 1810?


jueves, 3 de septiembre de 2020

Liberalismo: individuo y propiedad

 


Propiedad como derecho fundamental

A partir de John Locke en el siglo XVII quedó establecido como pilar del  liberalismo que el poder político emana de la comunidad de propietarios, los que son el soporte de la nación liberal.

En efecto, la propiedad era el derecho fundamental en tanto era el fruto del trabajo con el que se había añadido valor a las cosas naturales. La propiedad, por tanto, se convirtió en el signo de la igualdad. La sociedad era un conjunto de productores; frente a la ociosidad de las aristocracias feudales europeas. El trabajo es necesario para sobrevivir y para ser propietario y labrar la riqueza, esto es, para ser un señor del producto del propio esfuerzo, tener las necesidades cubiertas, ser libre y poder actuar. Es la actividad que iguala a los hombres y garantiza la supervivencia, el orden y la convivencia, y cuyos resultados se manifiestan en la propiedad. La sociedad, por tanto, se convierte en un conjunto de productores, y al Estado se le asigna la protección de los intereses y propiedades de tales productores.

 

El mercado

Otras voces posteriormente, aunque con distintas argumentaciones, coincidían en esa línea de liberalismo político y económico que asentaba la organización de la sociedad sobre el trabajo y la propiedad, y que basaba la legitimidad del Estado en el consentimiento de quienes delegaban su poder para equilibrar las libertades individuales con el interés común. Por su enorme repercusión posterior sobresale Ensayo sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las nacionales (1776) de Adam Smith, considerado el texto fundacional de la economía liberal.

Allí se destaca por primera vez la existencia de leyes que regulan la vida económica, al tiempo que se enfatiza la centralidad del mercado libre – “la mano invisible” – en el proceso de creación de riqueza, mediante el juego de la oferta y la demanda generada por las voluntades de los individuos que al buscar la felicidad individual conducirán el proceso a la felicidad general.

 

Propiedad sagrada

El liberalismo preconiza la razón del individuo como fundamento para organizar las relaciones ente los hombres, y entre ellos y el mercado. En política esto significa el contractualismo o constitucionalismo, con los principios de representación ciudadana y separación y limitación de poderes; en economía se traduce en la razón del libre intercambio y producción. En ambos casos la clave reside en el derecho de propiedad, fruto del valor producido por el trabajo. Por eso la propiedad es tan sagrada como la vida humana, es la razón de ser del Estado y el elemento que confiere autonomía real a cada individuo, e incluso el atadero conyugal para el ejercicio de la patria potestad. Y por eso también la libertad de creación intelectual es parte de la propiedad que cada individuo ejerce sobre si mismo y sobre sus ideas. 

 


El liberalismo era, en definitiva, el sistema y la ideología que planteaba al individuo y la propiedad como centro de la sociedad, lo que se tradujo en las declaraciones de derechos y en el referente para legitimidad del Estado y de la Economía.

 

Democracia es tiranía

Sin embargo el exceso de libertad de los individuos podía traer aparejado complicaciones para burguesía, en especial a partir de revoluciones radicales como la Francesa. Hay que precisar conceptos.

Por eso se repudia la democracia como nueva tiranía. Los análisis de Benjamín Constant en 1819 contraponen la libertad antigua, esa democracia que solo garantizaba la participación popular en el gobierno, frente a la libertad moderna, que es individual y que debe protegerse tanto de los gobiernos como de las tiranías democráticas.

Libertad, por tanto, significa disponer de la propiedad personal y ajustarse a unas leyes aprobadas con representación de esos propietarios interesados en el estado garante de sus derechos. Se reformula así la jurisdicción del Estado para situar en el centro de la organización social al individuo, por encima del colectivo.

El equilibrio de poderes de Gran Bretaña y el sistema de gobierno constitucional en los ideales que seguían definiendo el modelo político neoliberal durante el siglo XIX, pero las desigualdades derivadas de la Revolución Industrial y de la economía de mercado plantearon nuevos retos.

 

El Estado

El liberalismo de la Burguesía que está en el poder o lo reclama rechaza el paternalismo con los pobres, se oponía a las leyes a favor de éstos porque consideraba que los subsidios fomentan la pereza y aumentan la población por encima de sus posibilidades y porque el remedio a la pobreza es la autodisciplina y la prudencia en el gasto. Por eso el liberalismo le asigna al Estado una simple función arbitral entre individuos, siempre para garantizar el orden, nunca para instrumentar mejoras sociales.

En cualquier caso, en todas sus variantes, el liberalismo hace del individuo el eje para el desarrollo de la sociedad, y siempre la autorrealización es el método para extender las capacidades creadoras de cada persona. Por eso llevaba aparejada una moralidad derivada de la inflexibilidad de la lucha por la existencia, con valores de sobriedad, autocontrol, acción, eficacia y competitividad, aplicados sobre todo al trabajo.

Así se explica el libro Self Help (Autoayuda)  (1859), de Samuel Smiles, escrito para que las clases trabajadoras norteamericanas mejorasen su carácter y pudieran triunfar. Para el autor no había problemas económicos sino problemas morales que se solucionaban formando el carácter en la frugalidad y el ahorro., en la confianza en uno mismo y en la disposición a competir en virilidad para alcanzar el éxito.

 

Preguntas:

 

1.     ¿Qué significado tiene la propiedad para el liberalismo?

2.     ¿Qué es el “libre mercado”?

3.     ¿Por qué la Democracia puede ser una nueva tiranía?

4.     ¿Cómo se considera a los pobres?